EE.UU. —El argumento al que recurrió el presidente Donald Trump para promover su reelección este jueves por la noche es conocido, pero no por ello menos poderoso:la intimidación.

En un discurso al cierre de la convención, republicana pronunciado en la Casa Blanca, Trump se apartó de la tradición mostrada por sus predecesores al pintar un retrato sombrío de la violencia en las ciudades gobernadas por demócratas y pobladas por votantes que se le oponen.

Aunque sus descripciones no coincidieron con la realidad en el terreno, Trump se presentó como la última esperanza para impedir que la anarquía se apodere de los suburbios, precisamente las zonas donde tiene que contener la marea que se vuelve contra su Partido Republicano.

“Sus votos decidirán si protegemos a los estadounidenses respetuosos de la ley o si damos rienda suelta a anarquistas violentos, agitadores y criminales que amenazan a nuestros ciudadanos”, declaró Trump. Añadió que el “American way of life” es lo que está en juego en su contienda con el demócrata Joe Biden.

La intimidación es un arma utilizada por los políticos desde hace mucho porque en parte es eficaz. Richard Nixon, quien basó su campaña para la presidencia en 1968 con el mensaje de restaurar “la ley y el orden”, dijo una vez: “La gente reacciona al miedo, no al amor. No es lo que te enseñan los domingos en la iglesia, pero es verdad”.

Trump aplicó ese criterio en la campaña de 2016: recorrió el país advirtiendo que una ola de inmigrantes se quedaría con todos los empleos, violarían y asesinarían a los ciudadanos y cambiarían la trama de la sociedad estadounidense.

En su discurso al aceptar la candidatura republicana, trazó un cuadro sombrío de la situación y prometió que “la delincuencia y la violencia pronto llegarán a su fin”.

También los demócratas han empleado la táctica del miedo en la campaña de este año, al tratar de aprovechar la antipatía que muchos sienten por Trump, usando advertencias drásticas sobre las consecuencias de su reelección y hasta dónde él está dispuesto a llegar para conservar el puesto, incluso con impedir el acceso al voto o no aceptar un resultado adverso.

Durante la convención demócrata la semana pasada, el expresidente Barack Obama dijo que si fuera necesario, Trump socavaría los principios mismos de la democracia estadounidense con tal de ganar.

Pero lo notable de emplear el miedo como táctica de reelección es que los presidentes rara vez recurren a él cuando buscan un segundo período.

Después de casi cuatro años al frente del gobierno, los presidentes suelen presentar un panorama optimista y exhortar a los votantes a continuar en el mismo rumbo, conscientes de que su futuro político depende de si los votantes creen que el país está bien encaminado.

Algo de eso dijo Trump al destacar un proyecto de ley de reforma de la justicia penal presentado por su gobierno y los aranceles sobre las importaciones chinas para mejorar la competitividad de los trabajadores estadounidenses.

Presentó sus logros en términos históricos, aunque en cierta medida incorrectos, y proclamó que había cumplido sus promesas al pueblo.

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