EE.UU. —Para impulsar su campaña por la reelección —golpeada por la pandemia, el colapso económico y las protestas por la brutalidad policial y la injusticia racial—, el presidente Donald Trump decidió apostar a que puede infundir ánimo a sus simpatizantes más leales si lucha contra el máximo tribunal de Estados Unidos, que esta semana rechazó una de las principales iniciativas del presidente en materia de inmigración.
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La Corte Suprema decidió, por motivos procesales, que el gobierno no podía poner fin al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), el cual protege de la deportación a los inmigrantes que arribaron a Estados Unidos durante su niñez.
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Trump, que con frecuencia intenta que la nación preste atención a cuestiones de inmigración cuando se ve obligado a defenderse en otros temas, dijo que redoblaría esfuerzos en ese frente.

Su pretensión de aprovechar el tema migratorio es arriesgada, aun para alguien que ha construido su carrera política desafiando los estándares convencionales. Le podría permitir a Trump generar entusiasmo entre sus seguidores en torno a un asunto que fue crucial para su victoria de 2016 y al mismo tiempo evidenciar las dificultades del candidato demócrata Joe Biden para granjearse a los electores hispanos, pero también podría alejar más a los votantes indecisos, entre ellos las mujeres de regiones suburbanas que podrían ser decisivas en las elecciones.

Algunos republicanos creen que, cuando faltan menos de cinco meses para las elecciones de noviembre, no vale la pena librar ese combate.

“No tiene ningún sentido político, ni moral, ni ético”, dijo el estratega republicano Tim Miller, frecuente crítico de Trump y exintegrante de la infructuosa campaña de Jeb Bush para obtener la candidatura presidencial republicana en 2016. “Cualquiera al que le agrade (Trump) por su disposición a ‘incursionar’ en cuestiones raciales y de inmigración ya lo apoya y él no está obteniendo el respaldo de nadie más”.

Aun así, Trump ha construido su presidencia en torno a políticas migratorias de línea dura y la aplicación de medidas estrictas en la frontera con México. Ha estado ansioso de regresar a esos temas luego de meses de encabezados noticiosos negativos acerca del coronavirus y de una economía devastada por la pandemia.

Su decisión de reanudar los mítines a pesar de las preocupaciones de contagio por el virus es otro ejemplo de su determinación para transformar un problema en una lucha política del agrado de sus simpatizantes.

Pero el COVID y el muro fronterizo son distintos al DACA, que desde hace 8 años protege de la deportación a 650.000 personas que fueron traídas a Estados Unidos cuando eran niños y les otorga permisos de trabajo.

Las encuestas muestran que hay un apoyo generalizado al programa, así como a los inmigrantes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos sin que ellos lo decidieran.

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