Agentes de las fuerzas mexicanas de seguridad se situaron a lo largo del río, en el suroriental estado de Chiapas, para contener a gran parte de los 5.000 migrantes de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, a quienes incluso golpearon y rociaron gas lacrimógeno para evitar su ingreso irregular al país.

La caravana, que partió el miércoles pasado de Honduras con destino a Estados Unidos, tomó esta medida cuando el Gobierno mexicano negó la solicitud de libre tránsito que los migrantes habían solicitado horas antes en el puente fronterizo Rodolfo Robles con una carta al presidente, Andrés Manuel López Obrador.

«Todos venimos juntos en este camino, y todos vamos a entrar juntos también. No podemos mandar de grupos en grupos porque ellos lo que hacen es mandarlos a Honduras de nuevo», expresó el hondureño Jesús García cerca del cruce.

Pese al fuerte dispositivo de seguridad, la Secretaría de Gobernación (Segob) afirmó en un comunicado que ha actuado con responsabilidad ante la petición de los migrantes, pero admitió que agentes federales de Migración trasladarían a estaciones y estancias migratorias quienes no acrediten una estancia regular.

La Segob hizo eco de una carta de Carmen Yadira de los Santos, representante en Chiapas del INM, que dijo que ‘no era posible obsequiar positivamente su petición’ porque la ley no establece una calidad migratoria de tránsito.