POLÍTICA, POBREZA & DESIGUALDAD.

Recientemente, ante la vista de todo un país, ciertos funcionarios «de los nuestros» exhibieron un gran despilfarro de los recursos del pueblo dominicano: fajos de billetes para comprar cédulas y conciencias a fin de lograr la perpetuidad en el poder y seguir adueñándose de las arcas de nuestro preciado Estado.

Mientras tanto, los pobres siguen siendo más pobres y los ricos más ricos con el dinero de todos.

Según las presentes autoridades, en nuestro país alrededor de un 30% de la población vive en la pobreza; es decir alrededor de 3 millones de personas, aunque otros estudios señalan que es un número aún más elevado.

Es necesario que se frene la malversación y la corrupción so pena de que la pobreza sea un problema complejo y multidimensional; problema mismo que se proyecta en muchos aspectos de la sociedad dominicana y que, al parecer, a algunos «encumbrados» no les importa.

Sin embargo, con políticas claras, bien enfocadas y planificadas esta situación anteriormente mencionada se pudiera transformar en una gran oportunidad de crecimiento y bienestar para la familia dominicana.

Lamentablemente, parece que no cambiaremos la forma en que actuamos, un pueblo sumergido en la ignorancia, con bajos niveles de escolaridad, poca comprensión lectora y sin educación. Al parecer, nuestros pueblos no merecen más que sus verdugos hoy presentes.

Si bien muchos jóvenes se han empoderado, entendiendo y asumiendo su rol como miembros productivos de una sociedad que debe evolucionar acorde al desarrollo y el tiempo, existe otro grupo no menos importante en el que sólo tienen tiempo para recrearse en el alcohol, la hookah y las drogas.

Debemos entender que el cambio inicia por nosotros y que los pueblos capacitados no tienen interés en gobiernos corruptos que –dicho sea de paso– no invierten en una buena educación. Son gobiernos que nos quisieran entretener a todos con farándulas, alcohol u otras francachelas.

Y es que, mientras haya tanta gente ignorante «a todos los niveles» será más fácil persuadir a la población con pica-pollos, 500 pesos, discursos repetidos u otras baratijas; asunto mismo que lamentablente ya saben quienes al momento nos dirigen.