Narcovotos y la ambiciosa logística de las bases.

Por Jhanel Ferreras
Mercadologo, Comunicador, Catedrático, Diplomático y Político.

El sistema electoral dominicano desde el propio origen de la república, fue un sistema dual, basado en las ideas progresistas por un lado y el populismo pragmático por otro.

En 2021 todo sigue absolutamente igual, incluso los minuciosos estudiosos del ejercicio del poder, han realizado análisis comparativos de una gestión a otra, y las leves diferencias son de formas, no de fondo.

Hay un principio en el resultado final de cualquier sorteo electoral, que dice «cada líder es el reflejo de su colectividad electoral» en síntesis cada segmento se define por una muestra parecida a su universo.

Posterior a la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, los demócratas dividieron sus principales intensiones entre el PRD de Peña, el PRSC de Balaguer y el PLD de Bosch, el ejercicio de esa época se definía entre las ideas conservadoras del Balaguerismo, los planes progresistas de Don Juan, y la visión social demócrata, segmentada en el poder municipal de José Francisco.

Al desaparecer del escenario político los tres gigantes del sistema, se dio paso a una nueva modalidad de la política, aprendida por los mas agresivos lobistas e inversionistas financieros de la región.

La ausencia de discursos programáticos, fue lentamente sustituido por el pragmátismo financiero, donde las ideas quedan en segundo plano, y el dinero fue ocupando el único interés del elector como protagonista fundamental del ejercicio democrático.

Las militancias y bases de los partidos, fueron asumiendo gozosamente esa traslación de ideas por dinero. Allí entra el modelo de Escobar en Colombia que sustituyó en paralelo las funciones del Estado, con un poderoso comando de campaña, donde se construían casas, se regalaban carros e incluso hasta se ponían senos para elevar las condiciones estéticas de seguidoras.

El nuevo idioma político pondría en el escenario palabras tan normales, como la logística, la grasa, el presupuesto, el dame lo mio, el cuanto hay pa mi, entre otros desagradables dialectos propios de la carpintería política actual.

Ante esa cruda realidad, dos grandes invasores vieiron una oportunidad de negocios en el mundo de la política, los primeros empresarios corruptos, y los segundos y aun mas peligrosos, los narcotráficantes queriendo blanquear sus capitales y su imagen social.

Hoy, cuando se abren los procesos de convención, congresos electores, ó primarias, vale mil veces más un corrupto con dinero, que un cuadro formado en ideales políticos sólidos Los militantes y votantes silentes se deleitan con apoyar a quienes manejan presupuestos ilimitados, y rechazan a los mismos compañeritos de la base que con discursos arropados de escasez se van quedando solos y sin fuerzas como esos paqueticos de Internet prepagos.

La democracia actual tiene un alto precio, la mayoría de la gente cobra por votar, y solo los que tengan dinero podrán alcanzar el espacio que ha de ser reservado para el más noble de los ejercicios públicos, que es, ser contrapeso y equilibrio entre ricos y pobres por medio a las funciones públicas en cualquiera de los poderes del Estado.

Que nadie se llamé a engaño, mientras la mayoría de la gente venda sus votos, el narcotráfico estará presente y creciendo en las estructuras políticas, pues sin dinero nadie vota, y sin votos nadie gana.

El que entendió, entendió.

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