20 de septiembre de 2021

SUIZA. —En el Foro Económico Mundial en Davos la semana pasada, el presidente de EEUU desempeñó el papel a la perfección, denunciando a los activistas climáticos como “profetas de la fatalidad”, mientras Greta Thunberg, la activista adolescente, observaba desde la audiencia.

Sin embargo, si observas los números, en vez de las manifestaciones teatrales, queda claro que la batalla para controlar el cambio climático ahora depende mucho más de lo que sucede en China que en EEUU. Según la Unión de Científicos Preocupados, China ahora representa 29 por ciento de la generación mundial de emisiones de dióxido de carbono, en comparación con 16 por ciento de EEUU, alrededor de 10 por ciento de la UE y 7 por ciento de India. Incluso sobre una base per cápita, los chinos ahora emiten más gases de efecto invernadero que los europeos y lo han hecho desde 2014.

Como le gusta señalar a la administración Trump, las emisiones de gases de efecto invernadero de EEUU en realidad cayeron el año pasado, aunque sólo por 2.1 por ciento. Esto se debe principalmente a que la generación de energía a partir del carbón en EEUU ha disminuido drásticamente y ahora ha vuelto al nivel que tenía en 1975. Por el contrario, China continúa abriendo nuevas centrales de carbón.

No obstante, el escepticismo climático de la administración Trump (o el negacionismo, si prefieres describirlo de esa manera) sigue siendo importante.

EEUU ha liderado la construcción de la mayoría de las instituciones y acuerdos internacionales importantes que han dado forma al orden mundial actual. Si se excluye del esfuerzo global para combatir el cambio climático, otros tendrán que proporcionar el liderazgo para lograr un acuerdo internacional.

Pero debido a su adicción al carbón y su sistema autoritario, China tendrá dificultades para asumir el liderazgo con respecto al cambio climático a nivel mundial.

A los europeos les apasiona el tema, pero probablemente carecen de la organización y el peso internacional para hacerse cargo. La discusión de la UE sobre la imposición de un “impuesto fronterizo al carbono”, que esencialmente grava las importaciones de países muy contaminantes, también podría conducir a amargas disputas comerciales que harán aún más difícil lograr un acuerdo internacional.

Pero alguien tendrá que asumir el liderazgo rápidamente, porque el próximo año será vital para los esfuerzos internacionales sobre el clima. En noviembre, el Reino Unido organizará la COP26, la última cumbre de la ONU sobre el cambio climático. Ésta será una reunión particularmente importante porque se espera que los países participantes reconozcan que las promesas que hicieron bajo el acuerdo climático de París de 2015 son insuficientes para cumplir con el objetivo de contener el calentamiento global. En la cumbre de Glasgow de noviembre, deben comprometerse con objetivos más ambiciosos y detallados para la reducción de gases de efecto invernadero.

Pero la COP26 se abrirá sólo seis días después de las elecciones presidenciales de EEUU. Si el Sr. Trump es reelegido, eso confirmará que EEUU ha decidido no participar en los esfuerzos mundiales para combatir el cambio climático. El 4 de noviembre, un día después de las elecciones, EEUU también tiene previsto retirarse formalmente del acuerdo de París. Eso, a su vez, aumentará la presión sobre la UE, China, India y el Reino Unido (como anfitriones) para mantener vivo el esfuerzo para combatir el cambio climático a través de una acción global coordinada.

Adam Tooze, profesor de la Universidad de Columbia quien está escribiendo una historia de la política climática internacional, dice que noviembre de 2020 será un “momento clave en la historia global”.

Una de las cosas más sorprendentes sobre el debate climático en Davos fue la forma en que el tema parecía formar parte de cada sesión, incluso aquellas que aparentemente estaban dedicadas a otros temas. Una instancia particularmente llamativa fue cuando Ashraf Ghani, el presidente de Afganistán, dijo que su mayor temor es la degradación ambiental, incluso más que el conflicto de larga data que todavía domina al país: “Solíamos tener una sequía cada 100 años, ahora parece que hay una cada cinco años”.

Los políticos africanos en Davos hicieron comentarios similares sobre el aumento de las sequías en la región del Sahel y la forma en que el clima cambiante está generando conflictos sobre la tierra y el agua, y desplazando a las poblaciones.

Después de un día de conversaciones como ésa, necesitaba tomarme una copa. Así que me dirigí a una cata de vinos, sólo para encontrarme con un enólogo alemán que me dijo que el cambio climático lo había impulsado a comenzar a plantar viñedos en Noruega.

La mala noticia para el planeta es que el crecimiento continuo de las clases medias chinas e indias aumentará la demanda de automóviles, electricidad, carne y viajes al extranjero, todo lo cual generará más gases de efecto invernadero. La buena noticia es que el gobierno chino ha dicho repetidamente que entiende que el cambio climático y la contaminación son amenazas directas para el futuro de China, causando sequías, escasez de agua y aumentos en el nivel del mar que amenazan a las principales ciudades, como Shanghái.

El presidente Xi Jinping también demostró cierto compromiso con la acción ambiental, a través de sus esfuerzos para mejorar la calidad del aire en las principales ciudades como Beijing. El gobierno chino también ha invertido dinero y experiencia en el desarrollo de fuentes de energía renovables.

En los próximos meses, los chinos y los europeos intentarán trabajar juntos para desarrollar nuevos objetivos internacionales para la reducción de los gases de efecto invernadero. Si tienen éxito, la próxima conferencia de la ONU sobre el cambio climático tal vez pueda preservar la esperanza de que una comunidad internacional aún puede unirse para enfrentar una amenaza común para la humanidad, pase lo que pase en las elecciones estadounidenses.

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