Acuerdo Estados Unidos-Talibán no es garantía de paz

AFGANISTÁN. —Más de 18 años después que la invasión estadounidense derrocó el régimen del Talibán en Afganistán, Washington firmó hoy un acuerdo con los insurgentes para poner fin a una guerra costosa y retirar las fuerzas. Sin embargo, dista de estar claro qué clase de país dejará la ocupación extranjera.

El acuerdo abre el camino para las primeras negociaciones de los milicianos con el gobierno afgano, que es frágil y depende del respaldo de Estados Unidos y otras potencias. El problema estará en los detalles cuando los combatientes talibanes y los caudillos afganos se disputen el poder. Los afganos, y en particular los activistas por los derechos de las mujeres, temen por los escasos avances realizados desde la caída del Talibán.

El acuerdo prevé la retirada de los soldados estadounidenses y de la OTAN de Afganistán, pero no estaba claro si una fuerza antiterrorista estadounidense más pequeña quedará en el país para combatir al Estado Islámico.

El Estado Islámico es un enemigo tanto de Washington como el Talibán y Estados Unidos quiere que el Talibán ayude en esa pelea. Eso tiene precedentes. En los ochenta, la CIA financió a milicias islámicas afganas en una insurgencia contra la ocupación soviética. Muchos de esos milicianos formaron más adelante el Talibán.

Bajo el acuerdo, el Talibán tiene que garantizar que las áreas que controla no sean utilizadas por grupos extremistas para atacar a Estados Unidos y sus aliados. Pero observadores expresan escepticismo de que el Talibán pueda romper sus profundos lazos con grupos como al-Qaida.

El acuerdo de paz incluye además negociaciones entre los afganos a ambos lados del conflicto sobre el futuro del país y un cese del fuego permanente. Sin embargo, el Talibán se ha negado hasta ahora a negociar con el gobierno de Kabul, al que considera un títere de Washington, aunque ha participado en conversaciones con afganos prominentes, incluyendo Karzai. El acuerdo prevé la presencia de representantes del gobierno en la mesa de negociaciones, pero solamente como ciudadanos afganos comunes.

Incluso si ambas partes consiguen acuerdos sobre todos esos asuntos, Afganistán pudiera no estar listo para el día tras la paz. Miles de combatientes del Talibán, además de milicianos fuertemente armados leales a los diferentes caudillos afganos que han ganado poder en sus 18 años de alianza con Occidente, pudieran no querer deponer las armas ni respetar el acuerdo.

Tras la caída del Talibán en el 2001, caudillos poderosos y funcionarios corruptos que deseaban venganza forzaron a miles de talibanes a huir a las montañas y tomar las armas de nuevo.

Los afganos temen además un brote de violencia entre caudillos rivales que pudiera sumir el país nuevamente en el caos como sucedió a inicios de los noventa, cuando los choques entre diversos grupos causaron decenas de miles de muertes, principalmente de civiles.

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